domingo, 9 de octubre de 2016

A mi fiel amado.

     Ella no recuerda realmente si él había estado ahí desde siempre o tan solo lo estuvo aquella vez, pero le pareció que habían estado compartiendo sus vidas desde el inicio de estas. Dobló por la misma esquina y la brisa de cada vez no estuvo ausente, eso la hacía sonreír a gusto, cruzó la calle y comenzó a acercarse lentamente al borde de la vereda para cruzar otra vez, esperando el semáforo, su mirada se cruzó con la de él, o puede que no, puede que él nunca se haya percatado de su presencia, nunca, ni en el final. Pero a ella le pareció que pudo haber sucedido, se puso nerviosa al verlo bacilar entre cruzar o no la calle, entre seguir adelante o retroceder, pero no hubo tiempo de decidir, otro tomo la resolución en su lugar y pasó sobre él. A Gabrielle se le cortó la respiración y abrió su boca como preludio del grito, lo vio rodar e intentar sobreponerse pero las ruedas traseras terminaron lo que las primeras habían comenzado, y ahí quedó, tendido a media calle, sufriendo espasmos y desangrándose. Ella gritó, gritó y se tapó el rostro "No otra vez" pensó, sintió que eran sus huesos los que se rompían y sus entrañas las que explotaban en su interior, sus costillas se quebraron y de su boca salía sangre invisible,. Giró un vez sobre su eje mientras el bus se alejaba y sin esperar mucho se lanzó corriendo hacia él, el semáforo estaba en verde para los vehículos pero nada importó, comenzó a gritar pidiéndole perdón "Lo siento" dijo una y otra vez mientras su saliva y sus lágrimas se derramaban sobre él, aún vivo, aún retorciéndose, respirando bruscamente, peleando, pidiendo ayuda para vivir o morir, eso ella no lo sabría nunca. Comenzó a acariciarlo, en su cabeza y su cuello, lloraba sobre su cuerpo, y nadie hacía nada.
       Se sintió sucia, asquerosa, indigna de tocarlo, sentía ser la culpable de aquello, todos quienes hubiesen alguna vez cometido un crimen de ese tipo estaban dentro de ella en ese momento. La sangre no dejaba de emanar y en su mente intentaba recordar todos los hechizos de sanación que supiese, pero ninguno correspondía a regenerar tales heridas.
      Los buses aparecieron otra vez y se acercaban a ella y a su amado desconocido, ella hacía señas para que desviaran, como años antes lo había hecho, las mismas señas, el mismo rostro lloroso, la misma suciedad y la misma culpa en su alma. Se estaba desmoronando exactamente igual, y los buses, una vez más le hicieron caso. "Qué bueno es ser así, tener este cuerpo, me ven y me esquivan, me hacen caso, me consideran viva."
     Sin saber qué hacer, decidió sacarlo de ahí, lo tomó de sus extremidades inferiores y comenzó a jalarlo, no pudo, estaba tan delgado, era tan liviano, sus propias manos eran trampas para osos, le haría más daño. Pero gritándole por perdón una vez más, lo tomó y lo arrastró a la vereda intermedia entre las dos vías de automóviles, donde lentamente lo acomodó. Un par de veces se calmó y lo toco cerrando los ojos, habría vendido su alma por ser capaz de absorber su dolor, sentirlo ella y darle paz a él, comerse todo su sufrimiento y sentirlo en cada fibra de su cuerpo con tal de darle descanso, dos veces lo intentó y dos veces fracasó. No tenía ese poder.
      Se puso de pie junto a él y al ver que ya no se sacudía pero el hecho de que aún pestañeara le hizo entender lo poco que le quedaba de vida, cruzó las calles y arrancó flores y ramas de un arbusto para dejarlas junto a él. "Te amo, perdóname por no haberte cuidado, te amo, siempre lo haré, lo siento..." se repetía una y otra vez sin saber a quién realmente se lo decía.
    Sintiéndose ya inútil, monstruosa, hipócrita, una escoria, lo dejó. Hizo parar un bus y se subió, sus manos temblaban notoriamente, pero pagó su pasaje y se sentó. Siguió llorando hasta que sus ojos quedaron hechos un desastre y la gente la miraba.
    "Estoy en mi derecho, miren lo que quieran, lloraré lo que quiera llorar, nadie lo impedirá, lloraré por él, y por aquellos a los que no he visto"
      "Vida de perros, nada que hacer" le dijo una mujer. Qué repugnante comentario, era el perro de nadie, el perro de la calle, el perro de ella.

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